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Aspectos biológicos de la diferenciación sexual del cerebro


Actualmente la evidencia experimental indica que la diferenciación sexual del cerebro humano ocurre durante el desarrollo fetal y neonatal programando nuestra identidad de género –nuestros sentimientos sobre ser masculino o femenino–, nuestra orientación sexual como heterosexuales, homosexuales o bisexuales1. Este proceso de diferenciación sexual está acompañado por muchos cambios diferentes en la estructura y función del cerebro de estos grupos2. Mucha de la literatura moderna que aborda este tema olvida incluir en su bibliografía uno de los experimentos más evidentes sobre el tema de género, probablemente por lo poco ético del procedimiento y lo bizarro del mismo. Este año, la redacción de la BBCmundo nos hizo recordar este experimento, que desde mi punto de vista es una de las tragedias más desastrosas en la historia de la investigación sobre género.

John Money, psicólogo especializado en cambios de género, promovió el experimento ideal para determinar su teoría sobre género. El creía que la biología no determina si somos mujeres u hombres, sino la forma como somos criados. En 1960, nacieron los gemelos Bruce y Brian Reimer, eran dos niños perfectamente normales, pero a los siete meses de nacidos ambos comenzaron a presentar dificultades para orinar. Los padres llevaron a los niños al hospital para someterlos a una circuncisión. En la circuncisión se utilizó una aguja cauterizadora en lugar de un bisturí, y el equipo eléctrico tuvo un problema que provocó un aumento en la corriente que quemó por completo el pene de Bruce. Los padres de Bruce lo llevaron con Money, el cual les propuso la castración y la transformación del gemelo en niña. Esto representaba la posibilidad de un experimento ideal: un niño que él pensaba que debía ser criado como el género opuesto, y que incluso contaba con su propio grupo de control, un gemelo idéntico. Si su teoría se confirmaba sería evidencia irrefutable de que la crianza podía invalidar a la biología. Así que Bruce, a los 17 meses de edad, se convirtió en Brenda.

Money subrayó que, si querían que el cambio de género funcionara, los padres nunca debían decirle a Brenda ni a su hermano gemelo que había nacido siendo niño. Así que para seguir su progreso el caso fue bautizado como John/Joan. Cuando Brenda alcanzó la pubertad a los 13 años comenzó a mostrar sentimientos suicidas. De acuerdo con su madre, era muy rebelde. La niña era muy masculina y no lograba persuadirla de que hiciera algo femenino. Brenda casi no tuvo amigos durante su infancia. Todos se burlaban de ella y la llamaban la mujer cavernícola. Finalmente, los padres optaron por decirle a la niña que había nacido siendo niño. Brenda eligió volverse David. Fue sometido a cirugía reconstructiva y eventualmente se casó. Aunque no pudo tener hijos, fue padrastro de los tres hijos de su esposa. Cuando cumplió 30 años David sufrió una crisis de depresión. Perdió su trabajo y se separó de su esposa. A los 38 años de edad David se suicidó.

Curiosamente, al mismo tiempo que Money lleva a cabo sus experimentos un grupo de anatomistas de la Universidad de Kansas, dirigidos por Charles H. Phoenix, presentaban el resultado de sus investigaciones proponiendo la “Hipótesis de Organización/Activación” para explicar los efectos hormonales en la diferenciación sexual en el comportamiento reproductivo3. Alrededor de esta hipótesis a emergido un dogma que en palabras de Margaret McCarthy básicamente establece que la exposición a esteroides gonadales durante el desarrollo (fetal–perinatal) estos actúan en el cerebro organizando el sustrato neuronal el cual, entonces, es selectivamente activado en el adulto induciendo la expresión de un comportamiento sexual específico4. Aunque la multifuncionalidad de las hormonas gonadales, respecto al comportamiento y al punto final neuroanatómico está cuestionada, cuando se trata de la diferenciación en el comportamiento reproductivo, las hormonas marcan el paso5.

Ante las limitantes experimentales con seres humanos la mayor parte del constructo teórico sobre el dimorfismo sexual del cerebro ha sido elaborado utilizando diferentes modelos animales tales como el cobayos, la ratas, los primates y actualmente se han incluidos los ratones. La manipulación genética de estos últimos ha permitido establecer la importancia de mediadores genéticos en lugar de los mediadores gonadales o esteroidales en la diferenciación sexual. Además, recientemente se ha podido comparar la expresión genética en tejidos específicos en los dos sexos, incluyendo el cerebro6. Los datos con ratones muestran que aproximadamente 650 genes son expresados deferencialmente en el cerebro de los machos y las hembras. Estos hallazgos orientan a pensar que la expresión de diferentes genes en los cromosomas sexuales podría estar jugando un papel primordial en el desarrollo y mantenimiento de una neurobiología sexualmente específica. Queda por determinar si la genética contribuye sólo a la diferencia en sexo o también impacta la diferenciación sexual.
La diferenciación sexual mediada por hormonas consiste en dos procesos activos: la desfeminización y la masculinización. La desfeminización envuelve la eliminación permanente del fenotipo femenino del cerebro el cual controla el comportamiento sexual y por lo tanto, la perdida de la habilidad de expresar el comportamiento sexual femenino. La masculinización es el desarrollo activo de la anatomía neural típica del macho y la capacidad de expresar un comportamiento masculino durante la adultez. Junto, estos dos procesos diferencian el cerebro del macho del de la hembra, donde el desarrollo de este último sería la feminización7. La diferenciación sexual del cerebro ocurre durante un tiempo puntual restrictivo en cada especie. Cualquier manipulación antes o después de este periodo crítico no tendrá ningún efecto en el dimorfismo sexual. Las investigaciones sobre la actividad hormonal durante este periodo crítico han abierto otra línea de investigación de vital importancia que, aunque cuestiona la “Hipótesis de Organización/Activación”, no la contradice. Todo parece indicar que los procesos epigenéticos tales como la metilización del ADN y la modificación de las histonas sirven como interface para que los estímulos ambientales ejerzan control sobre el genoma8.

El campo de investigación del dimorfismo sexual cerebral se ha ampliado incluyendo las investigaciones sobre participación directa e indirecta de los cromosomas sexuales, los procesos epigenéticos, la intervención de neurotransmisores y prostaglandinas en la modulación neuronal, la interacción de los receptores hormonales en el dimorfismo sexual y obviamente, cómo interactúa cada uno de estos componentes junto con las hormonas en el proceso de diferenciación cerebral. No hay duda de que la exposición a las hormonas, incluyendo la testosterona y su metabólito el estradiol, induce una miríada de efectos durante un periodo crítico del desarrollo cerebral que es necesario para la diferenciación sexual.

Autor: RAFAEL H. PAGÁN SANTINI

rhpmedicus@yahoo.com.mx

1 Swaab D.F. (2008), Sexual orientation and its basis in brain structure and function, PNAS, vol. 105, no. 30: 10273–10274

2 Swaab D.F. (2007), Sexual differentiation of the brain and behavior. Best Pract Res Clin Endocrinol Metab
21:431–444.


3 Phoenix CH, Goy RW, Gerall AA, Young WC. Organizing action of prenatally dministered testosterone
propionate on the tissues mediating mating behavior in the female guinea pig. Endocrinology 1959;65:369–382. (PubMed: 14432658)


4 Margaret M. McCarthy, Christopher L. Wright, and Jaclyn M. Schwarz, 2009, New tricks by an old dogma: Mechanisms of the Organizational/Activational Hypothesis of steroid–mediated sexual differentiation of brain and behavior, NIH–PA Author Manuscript, Published in final edited form as: Horm Behav. 55(5): 655–665. doi:10.1016/j.yhbeh.2009.02.012.


5 De Vries GJ, Rissman EF, Simerly RB, Yang LY, Scordalakes EM, Auger CJ, Swain A, Lovell–Badge R, Burgoyne PS, Arnold AP. (2002) A model system for study of sex chromosome effects on sexually dimorphic neural and behavioral traits. J Neurosci 22:9005–9014.


6 Yang, X., Schadt, E.E., Wang, S., Wang, H., Arnold, A.P., Ingram–Drake, L., Drake, T.A., Lusis, A.J., 2006. Tissue–specific expression and regulation of sexually dimorphic genes in mice. Genome Res. 16, 995–1004.


7 McCarthy M, (2010), How it’s made: organizational effects of hormones on the developing brain. J Neuroendocrinol 7: 736–742.


8 Bridget M. Nugent a Margaret M. McCarthy, (2011), Epigenetic Underpinnings of Developmental Sex Differences in the Brain, Neuroendocrinology 93:150–158


Fuente: La Jornada de Oriente

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